
Hace algo más de un año os traduje parte de una entrevista a Oliver Sacks en la que promocionaba su libro Musicofília, vuelvo a recurrir a aquel texto para presentaros algo...
"Wired: Tu escribiste a cerca de una época en la facultad en la que tomaste un montón de anfetaminas. ¿Cuál es la experiencia más fuerte, en cuanto a música, que hayas experimentado con drogas?
Sacks: Hume se preguntaba si podría imaginar algún color que nunca hubiese observado. Un día en 1964, me tomé una montaña de fármacos y en el punto álgido me dije: “quiero ver el color índigo, ¡ahora!” Como si de un brochazo en la pared se tratase, una gota enorme y temblorosa del más puro color índigo apareció en la pared, el color del cielo.
Meses después de aquello aun buscaba aquel color, era como un acorde perdido.
Cuando fui a un concierto al Museo Metropolitano de Arte, en la primera mitad, tocaron las Vísperas de Monteverdi, y me sentí transportado. Sentía un río de música de cuatrocientos años de edad corriendo desde la mente de Monteverdi hasta la mía. Paseando, en uno de los descansos, vi unas cajas decorativas de lapislázuli, que eran del mismo y maravilloso color índigo y pensé “Bien, ese color existe en el mundo exterior”. Pero en la segunda mitad estaba impaciente, y cuando volvía a ver aquellas cajitas, ya no eran de color índigo, eran azules, malva o rosas. No he vuelto a ver aquel color desde entonces.
Tomé una montaña de anfetaminas, mescalinas y cannabis para mandarme a ese lugar, pero Monteverdi también fue capaz de hacerlo"
Ese color indigo para Sacks fue el resultado de una situación muy muy especial, una alucinación controlada debida al efecto de las drogas y su sensibilidad a la música de Monteverdi. Con esta anécdota nos daba una respuesta en forma de ejemplo a una pregunta que, en mi opinión, actualmente nos supera, ¿puede verse un color no visto nunca?
En otra ocasión la respuesta de Sacks no ha sido tan esperanzadora, en su libro "Un Antropólogo en Marte" nos contaba la historia de uno de sus extraños pacientes, el capítulo "Ver y no ver" nos relataba la historia de Virgil, un ciego de nacimiento que, gracias a una oportuna operación, recuperaba la vista. Pero lejos de ser una historia alegre y sencilla de imaginar, la visión para este paciente supuso un autentico problema, un muro contra el que chocaba su tranquila vida sin luz ni color... pués aunque sus ojos ahora funcionaban correctamente, su cerebro no estaba preparado para tan violenta interpretación de la realidad. Era incapaz de reconocer nada si no lo tocaba, de moverse solo, de calcular las distancias... le asustaba el movimiento... su cerebro nunca había aprendido a ver*.
Sacks: Hume se preguntaba si podría imaginar algún color que nunca hubiese observado. Un día en 1964, me tomé una montaña de fármacos y en el punto álgido me dije: “quiero ver el color índigo, ¡ahora!” Como si de un brochazo en la pared se tratase, una gota enorme y temblorosa del más puro color índigo apareció en la pared, el color del cielo.
Meses después de aquello aun buscaba aquel color, era como un acorde perdido.
Cuando fui a un concierto al Museo Metropolitano de Arte, en la primera mitad, tocaron las Vísperas de Monteverdi, y me sentí transportado. Sentía un río de música de cuatrocientos años de edad corriendo desde la mente de Monteverdi hasta la mía. Paseando, en uno de los descansos, vi unas cajas decorativas de lapislázuli, que eran del mismo y maravilloso color índigo y pensé “Bien, ese color existe en el mundo exterior”. Pero en la segunda mitad estaba impaciente, y cuando volvía a ver aquellas cajitas, ya no eran de color índigo, eran azules, malva o rosas. No he vuelto a ver aquel color desde entonces.
Tomé una montaña de anfetaminas, mescalinas y cannabis para mandarme a ese lugar, pero Monteverdi también fue capaz de hacerlo"
Ese color indigo para Sacks fue el resultado de una situación muy muy especial, una alucinación controlada debida al efecto de las drogas y su sensibilidad a la música de Monteverdi. Con esta anécdota nos daba una respuesta en forma de ejemplo a una pregunta que, en mi opinión, actualmente nos supera, ¿puede verse un color no visto nunca?
En otra ocasión la respuesta de Sacks no ha sido tan esperanzadora, en su libro "Un Antropólogo en Marte" nos contaba la historia de uno de sus extraños pacientes, el capítulo "Ver y no ver" nos relataba la historia de Virgil, un ciego de nacimiento que, gracias a una oportuna operación, recuperaba la vista. Pero lejos de ser una historia alegre y sencilla de imaginar, la visión para este paciente supuso un autentico problema, un muro contra el que chocaba su tranquila vida sin luz ni color... pués aunque sus ojos ahora funcionaban correctamente, su cerebro no estaba preparado para tan violenta interpretación de la realidad. Era incapaz de reconocer nada si no lo tocaba, de moverse solo, de calcular las distancias... le asustaba el movimiento... su cerebro nunca había aprendido a ver*.
Hoy os traigo algo que se acerca bastante a estos dos casos, es un niño de solo ocho meses de edad, que nació sordo, y al que se le ha instalado un implante coclear para permitirle oír por primera vez... No puede expresar su experiencia más que con gestos, pero creo que estos dicen lo suficiente...
Para aquel que este pensando en que sería más interesante dejar a este individuo sin implante coclear hasta que tenga edad suficiente como para expresar con palabras su experiencia le diré que en ese momento ya quizás sea tarde y, al igual que el ciego de "Ver y no ver", puede que no sea capaz de adaptarse a semejante ampliación de la realidad.
Tay.
*Virgil quedó ciego con 3 años, hay quien puede considerar que principalmente olvidó como ver.
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